La color
Abstract
En la actualidad, la materialización de lógicas neoliberales y globalizantes ponen en tensión a los sistemas alimentarios locales 1 . Estamos inmersos en un tercer régimen alimentario 2 marcado por la presencia de industrias de comida rápida y desarraigada de sus orígenes, llevando al límite la capacidad regenerativa de los ecosistemas con la intensificación de monocultivos forestales y reducción de recursos pesqueros, degradando la vida de poblaciones campesinas y urbanas. Las profundas desigualdades económicas y ecológicas que se gestan en los espacios locales 3 nos interpelan su sostenibilidad en el tiempo. En las comunidades locales, desde diversas organizaciones como sindicatos de pescadores artesanales, recolectoras de orilla, juntas de vecinos, comités de agua, se alzan ejercicios de soberanía desde lo alimentario como un derecho fundamental. Esto implica un giro a lo territorial, reconociendo sus riquezas y diversidad biocultural como aspectos fundantes de quiénes somos y cómo nos alimentamos. Esta reconexión, sitúa los alimentos desde sus paisajes, cultivos y crianzas, hábitos estacionales, formas de preparación u oficios culinarios. Hacer este reconocimiento complejiza el acto de comer dotándolo de un sentido político, que nos acerca a las historias de nuestras comunidades y su naturaleza. Cada receta es más que un listado de ingredientes, es una performance que conjuga elementos con arraigo territorial con quehaceres y saberes, que moldean y generan una experiencia de disfrute culinario. Estos relatos se urden en las cocinas como espacios de conversación y reflexión. Situándonos al sur del Biobío, sus localidades de mar y tierra han sido históricamente un escenario de circulación de saberes, sabores, colores y aromas, cuya persistencia es posible sólo gracias al rol central de las mujeres rurales y mujeres que detentan oficios pesqueros, actoras clave en los procesos productivos, reproductivos y de configuración identitaria. Así, La Color es un sentido acercamiento a un componente estético que releva la importancia de explorar los paisajes alimentarios que nutren las cocinas locales del Biobío. Este diálogo entre el Golfo de Arauco y lo profundo del secano interior en Santa Juana nos muestra sus modos distintivos de habitar, celebrando la diversidad que nutre las cocinas regionales, destacando que las manos de mujeres sostienen la vida de sus comunidades. Así, desde los relatos femeninos y sus vívidas imágenes, este trabajo nos invita a volver las cocinas y la comensalidad como un acto de amor que deleita el alma, el cuerpo y la memoria. Paula Fuentealba.
Más información
| Editorial: | Editorial Almacén |
| Fecha de publicación: | 2020 |
| Página de inicio: | 1 |
| Página final: | 100 |
| Idioma: | español |
| Financiamiento/Sponsor: | Universidad de Concepción |