La Comunicación científica como herramienta contra la desinformación en la neoglobalización.
Keywords: comunicación científica, desinformación, neo globalización
Abstract
Aproximadamente hace una década, una de las revistas de mayor impacto en las áreas del conocimiento de la Comunicación y la Educación dedicó todos los temas del dossier a la comunicación científica y a la metainvestigación . Lo anterior, comporta especial interés no sólo en cuanto a la recuperación de los antecedentes que fundamentan los diversos tipos de colaboración científica que se da entre investigadores sino cómo, aún con los cambios de perspectivas de estudio, observación, comparación, o distinción a lo largo del tiempo la comunicación científica se erige como pilar en torno a la divulgación científica que es un proceso fundamental en el que participan al menos tres agentes: los investigadores, la sociedad y los medios de comunicación. La generación de nuevos conocimientos, está ciertamente comprobado que mejora la calidad de vida de la población y la transmisión de dichos conocimientos deben ser implementados en los entornos académicos y/o educacionales, por las autoridades y por los propios individuos. La comunicación científica permite el acceso y la comprensión de los avances de múltiples áreas y sus respectivas complejidades, favorece también, que el ciudadano forme su opinión personal sobre la resolución de los grandes problemas que afectan a la sociedad, permitiéndole incluso participar en el debate ético asociado a los mismos. En los últimos años es posible observar cómo los medios de comunicación se están convirtiendo en una verdadera cadena de transmisión que facilita el trasvase de información desde los investigadores hacia la sociedad . Disponemos de conocimiento nuevo sobre las relaciones entre la Comunicación y otras disciplinas o áreas del conocimiento de manera tal que hoy es posible percatarse si se está respondiendo adecuadamente a los requerimientos de la política científica, para identificar a qué nivel está la investigación en un país con respecto a otros o para determinar la relevancia que tienen los distintos canales de comunicación al respecto. Diversos estudios señalan que, en el terreno de la evaluación científica, esto es particularmente importante puesto que el conocimiento de la disciplina en este caso la comunicación, debería permitir el establecimiento de unos criterios de evaluación adecuados con el objeto de que la comunidad científica tenga datos y evidencias para defender un modelo adecuado para su disciplina. Al respecto es pertinente señalar una constante en la literatura; la referencia al tiempo. Contra los tiempos cortos, cada vez más presentes en los análisis que afectan a la comunicación, se propone el tiempo largo, la reflexión detallada y se hace una crítica a las investigaciones de poca profundidad o de corto alcance (Miegé, 2004). Es precisamente esta perspectiva, la que nos orienta en la presente publicación respecto al abordaje del fenómeno de la desinformación que si bien ha sido objeto de múltiples análisis que se enfocan en las interpretaciones alternativas de la realidad, algunas engañosas, otras confusas, lo que ha minado la confianza en los medios de comunicación y en los actores políticos, no basta con identificar la verdad o la falsedad en los contenidos, sino profundizar a partir de la lectura de este libro en las variadas y complejas aristas propias de la comunicación científica ofreciendo alternativas y soluciones concretas para el combate de la desinformación. A todos los autores nos anima el impulso de construir un aporte significativo renovador acorde a las necesidades y exigencias actuales de toda democracia -nuestra sociedad también audiencia y usuario- que requiere hoy más que nunca un aquilatamiento de producción científica, tecnológica e innovación respecto del tema que nos convoca. En el capítulo I, María José Labrador recoge diversas iniciativas y orientaciones frente a la desinformación establecidas por la Comisión Europea, las que podrían transformarse en un precedente para lo que será el marco legal de Chile y de Latinoamérica. En el capítulo II, Claudia Reyes nos propone reflexionar sobre las brechas de género en el acceso y el consumo de noticias políticas y el impacto que este fenómeno tiene para la democracia y la participación activa de las mujeres. Nairbis Sibrian en el capítulo III entrega un análisis de la relación entre la desinformación y la percepción social de la inmigración en Chile, a través de la caracterización de noticias falsas sobre migración chequeadas y su vínculo con discursos de odio en redes sociales. Ma.Cristina Silva, Myriam Ruíz, Pyvonka Loza y Soledad Valenzuela presentan en el capítulo IV el plan que la carrera de Periodismo de la Universidad del Desarrollo implementó para desarrollar en sus estudiantes las destrezas necesarias para convertirlos en consumidores y usuarios rigurosos y analíticos de los contenidos informativos que reciben. Por su parte Ed Carter escribe acerca de las asimetrías en el periodismo y el mercado de las ideas, desde la perspectiva de Estados Unidos. Se analizan diversos casos en los que el periodista tiene la tarea de identificar la verdad y distinguirla del error, para lo cual los profesionales están llamados a concentrarse no solo en los hechos, sino que en la verdad de éstos. En el capítulo VI, Fernando Gutiérrez, se refiere a las trasformaciones que enfrenta la profesión informativa a raíz de los avances tecnológicos propios de esta época y de la complejización social que implica la sociedad del conocimiento, en este sentido, plantea cómo una formación especializada puede transformarse en una herramienta de empoderamiento para los periodistas, que les permita actuar con autonomía frente a las fuentes y audiencias. Pedro Anguita en el capítulo VII, presenta cómo diversas instituciones gubernamentales y estatales, entidades de factchecking, medios de comunicación y plataformas tecnológicas han propuesto caminos de actuación para enfrentar la desinformación y la circulación de fakenews. Expone diversas propuestas regulatorias que se han presentado en Chile, una de las cuales ya tuvo su aplicación en la Convención Constituyente. En el capítulo VIII, Oscar Jaramillo y Guillermo Bustamante llevan a cabo una investigación que permite comprender mejor la existencia de “Audiencias de Microinfluenciadores” en la red social Twitter. Analizando un total de 20 hashtag desinformativos chilenos prueban que no existe un “enemigo poderoso” que organiza, a través de redes sociales, ataques políticos en Chile como se planteó en 2019 para el Estallido Social Chileno o en 2021, para la Convención Constitucional. En el capítulo IX, Rodrigo Álvarez reflexiona acerca de la comunicación desde una mirada de seguridad global en el actual contexto de la neoglobalización y cómo los diversos conflictos mundiales actuales han motivado un interés sobre la seguridad y la desinformación. Oscar Jara, analiza en el capítulo X, cómo el periodismo actual se enfrenta al surgimiento de las redes sociales y la mayor representatividad que estas tienen en quienes buscan generar y recibir información, en momentos en que el trabajo de los denominados “medios tradicionales” han perdido credibilidad, fuerza e influencia. En el capítulo XI, Natalia Messer, analiza la irrupción de nuevos formatos mediáticos, como el caso del Podcast, y cómo este nuevo contexto digital influye en el tratamiento informativo y en las formas de participación entre medio y audiencias. Finalmente, en el capítulo XII, Sergio Amín, describe algunas de las diversas herramientas que se pueden utilizar en la actualidad para verificar el contenido generado por usuarios (UGC) y combatir la desinformación, como la verificación de UGC, la búsqueda inversa de imágenes, verificación de bots en Twitter, entre otros. Disponemos de conocimiento nuevo sobre las relaciones entre la Comunicación y otras disciplinas o áreas del conocimiento de manera tal que hoy es posible percatarse si se está respondiendo adecuadamente a los requerimientos de la política científica, para identificar a qué nivel está la investigación en un país con respecto a otros o para determinar la relevancia que tienen los distintos canales de comunicación al respecto. Diversos estudios señalan que, en el terreno de la evaluación científica, esto es particularmente importante puesto que el conocimiento de la disciplina en este caso la comunicación, debería permitir el establecimiento de unos criterios de evaluación adecuados con el objeto de que la comunidad científica tenga datos y evidencias para defender un modelo adecuado para su disciplina. Al respecto es pertinente señalar una constante en la literatura; la referencia al tiempo. Contra los tiempos cortos, cada vez más presentes en los análisis que afectan a la comunicación, se propone el tiempo largo, la reflexión detallada y se hace una crítica a las investigaciones de poca profundidad o de corto alcance (Miegé, 2004). Es precisamente esta perspectiva, la que nos orienta en la presente publicación respecto al abordaje del fenómeno de la desinformación que si bien ha sido objeto de múltiples análisis que se enfocan en las interpretaciones alternativas de la realidad, algunas engañosas, otras confusas, lo que ha minado la confianza en los medios de comunicación y en los actores políticos, no basta con identificar la verdad o la falsedad en los contenidos, sino profundizar a partir de la lectura de este libro en las variadas y complejas aristas propias de la comunicación científica ofreciendo alternativas y soluciones concretas para el combate de la desinformación. A todos los autores nos anima el impulso de construir un aporte significativo renovador acorde a las necesidades y exigencias actuales de toda democracia -nuestra sociedad también audiencia y usuario- que requiere hoy más que nunca un aquilatamiento de producción científica, tecnológica e innovación respecto del tema que nos convoca. En el capítulo I, María José Labrador recoge diversas iniciativas y orientaciones frente a la desinformación establecidas por la Comisión Europea, las que podrían transformarse en un precedente para lo que será el marco legal de Chile y de Latinoamérica. En el capítulo II, Claudia Reyes nos propone reflexionar sobre las brechas de género en el acceso y el consumo de noticias políticas y el impacto que este fenómeno tiene para la democracia y la participación activa de las mujeres. Nairbis Sibrian en el capítulo III entrega un análisis de la relación entre la desinformación y la percepción social de la inmigración en Chile, a través de la caracterización de noticias falsas sobre migración chequeadas y su vínculo con discursos de odio en redes sociales. Ma.Cristina Silva, Myriam Ruíz, Pyvonka Loza y Soledad Valenzuela presentan en el capítulo IV el plan que la carrera de Periodismo de la Universidad del Desarrollo implementó para desarrollar en sus estudiantes las destrezas necesarias para convertirlos en consumidores y usuarios rigurosos y analíticos de los contenidos informativos que reciben. Por su parte Ed Carter escribe acerca de las asimetrías en el periodismo y el mercado de las ideas, desde la perspectiva de Estados Unidos. Se analizan diversos casos en los que el periodista tiene la tarea de identificar la verdad y distinguirla del error, para lo cual los profesionales están llamados a concentrarse no solo en los hechos, sino que en la verdad de éstos. En el capítulo VI, Fernando Gutiérrez, se refiere a las trasformaciones que enfrenta la profesión informativa a raíz de los avances tecnológicos propios de esta época y de la complejización social que implica la sociedad del conocimiento, en este sentido, plantea cómo una formación especializada puede transformarse en una herramienta de empoderamiento para los periodistas, que les permita actuar con autonomía frente a las fuentes y audiencias. Pedro Anguita en el capítulo VII, presenta cómo diversas instituciones gubernamentales y estatales, entidades de factchecking, medios de comunicación y plataformas tecnológicas han propuesto caminos de actuación para enfrentar la desinformación y la circulación de fakenews. Expone diversas propuestas regulatorias que se han presentado en Chile, una de las cuales ya tuvo su aplicación en la Convención Constituyente. En el capítulo VIII, Oscar Jaramillo y Guillermo Bustamante llevan a cabo una investigación que permite comprender mejor la existencia de “Audiencias de Microinfluenciadores” en la red social Twitter. Analizando un total de 20 hashtag desinformativos chilenos prueban que no existe un “enemigo poderoso” que organiza, a través de redes sociales, ataques políticos en Chile como se planteó en 2019 para el Estallido Social Chileno o en 2021, para la Convención Constitucional. En el capítulo IX, Rodrigo Álvarez reflexiona acerca de la comunicación desde una mirada de seguridad global en el actual contexto de la neoglobalización y cómo los diversos conflictos mundiales actuales han motivado un interés sobre la seguridad y la desinformación. Oscar Jara, analiza en el capítulo X, cómo el periodismo actual se enfrenta al surgimiento de las redes sociales y la mayor representatividad que estas tienen en quienes buscan generar y recibir información, en momentos en que el trabajo de los denominados “medios tradicionales” han perdido credibilidad, fuerza e influencia. En el capítulo XI, Natalia Messer, analiza la irrupción de nuevos formatos mediáticos, como el caso del Podcast, y cómo este nuevo contexto digital influye en el tratamiento informativo y en las formas de participación entre medio y audiencias. Finalmente, en el capítulo XII, Sergio Amín, describe algunas de las diversas herramientas que se pueden utilizar en la actualidad para verificar el contenido generado por usuarios (UGC) y combatir la desinformación, como la verificación de UGC, la búsqueda inversa de imágenes, verificación de bots en Twitter, entre otros. vDisponemos de conocimiento nuevo sobre las relaciones entre la Comunicación y otras disciplinas o áreas del conocimiento de manera tal que hoy es posible percatarse si se está respondiendo adecuadamente a los requerimientos de la política científica, para identificar a qué nivel está la investigación en un país con respecto a otros o para determinar la relevancia que tienen los distintos canales de comunicación al respecto. Diversos estudios señalan que, en el terreno de la evaluación científica, esto es particularmente importante puesto que el conocimiento de la disciplina en este caso la comunicación, debería permitir el establecimiento de unos criterios de evaluación adecuados con el objeto de que la comunidad científica tenga datos y evidencias para defender un modelo adecuado para su disciplina. Al respecto es pertinente señalar una constante en la literatura; la referencia al tiempo. Contra los tiempos cortos, cada vez más presentes en los análisis que afectan a la comunicación, se propone el tiempo largo, la reflexión detallada y se hace una crítica a las investigaciones de poca profundidad o de corto alcance (Miegé, 2004). Es precisamente esta perspectiva, la que nos orienta en la presente publicación respecto al abordaje del fenómeno de la desinformación que si bien ha sido objeto de múltiples análisis que se enfocan en las interpretaciones alternativas de la realidad, algunas engañosas, otras confusas, lo que ha minado la confianza en los medios de comunicación y en los actores políticos, no basta con identificar la verdad o la falsedad en los contenidos, sino profundizar a partir de la lectura de este libro en las variadas y complejas aristas propias de la comunicación científica ofreciendo alternativas y soluciones concretas para el combate de la desinformación. A todos los autores nos anima el impulso de construir un aporte significativo renovador acorde a las necesidades y exigencias actuales de toda democracia -nuestra sociedad también audiencia y usuario- que requiere hoy más que nunca un aquilatamiento de producción científica, tecnológica e innovación respecto del tema que nos convoca. En el capítulo I, María José Labrador recoge diversas iniciativas y orientaciones frente a la desinformación establecidas por la Comisión Europea, las que podrían transformarse en un precedente para lo que será el marco legal de Chile y de Latinoamérica. En el capítulo II, Claudia Reyes nos propone reflexionar sobre las brechas de género en el acceso y el consumo de noticias políticas y el impacto que este fenómeno tiene para la democracia y la participación activa de las mujeres. Nairbis Sibrian en el capítulo III entrega un análisis de la relación entre la desinformación y la percepción social de la inmigración en Chile, a través de la caracterización de noticias falsas sobre migración chequeadas y su vínculo con discursos de odio en redes sociales. Ma.Cristina Silva, Myriam Ruíz, Pyvonka Loza y Soledad Valenzuela presentan en el capítulo IV el plan que la carrera de Periodismo de la Universidad del Desarrollo implementó para desarrollar en sus estudiantes las destrezas necesarias para convertirlos en consumidores y usuarios rigurosos y analíticos de los contenidos informativos que reciben. Por su parte Ed Carter escribe acerca de las asimetrías en el periodismo y el mercado de las ideas, desde la perspectiva de Estados Unidos. Se analizan diversos casos en los que el periodista tiene la tarea de identificar la verdad y distinguirla del error, para lo cual los profesionales están llamados a concentrarse no solo en los hechos, sino que en la verdad de éstos. En el capítulo VI, Fernando Gutiérrez, se refiere a las trasformaciones que enfrenta la profesión informativa a raíz de los avances tecnológicos propios de esta época y de la complejización social que implica la sociedad del conocimiento, en este sentido, plantea cómo una formación especializada puede transformarse en una herramienta de empoderamiento para los periodistas, que les permita actuar con autonomía frente a las fuentes y audiencias. Pedro Anguita en el capítulo VII, presenta cómo diversas instituciones gubernamentales y estatales, entidades de factchecking, medios de comunicación y plataformas tecnológicas han propuesto caminos de actuación para enfrentar la desinformación y la circulación de fakenews. Expone diversas propuestas regulatorias que se han presentado en Chile, una de las cuales ya tuvo su aplicación en la Convención Constituyente. En el capítulo VIII, Oscar Jaramillo y Guillermo Bustamante llevan a cabo una investigación que permite comprender mejor la existencia de “Audiencias de Microinfluenciadores” en la red social Twitter. Analizando un total de 20 hashtag desinformativos chilenos prueban que no existe un “enemigo poderoso” que organiza, a través de redes sociales, ataques políticos en Chile como se planteó en 2019 para el Estallido Social Chileno o en 2021, para la Convención Constitucional. En el capítulo IX, Rodrigo Álvarez reflexiona acerca de la comunicación desde una mirada de seguridad global en el actual contexto de la neoglobalización y cómo los diversos conflictos mundiales actuales han motivado un interés sobre la seguridad y la desinformación. Oscar Jara, analiza en el capítulo X, cómo el periodismo actual se enfrenta al surgimiento de las redes sociales y la mayor representatividad que estas tienen en quienes buscan generar y recibir información, en momentos en que el trabajo de los denominados “medios tradicionales” han perdido credibilidad, fuerza e influencia. En el capítulo XI, Natalia Messer, analiza la irrupción de nuevos formatos mediáticos, como el caso del Podcast, y cómo este nuevo contexto digital influye en el tratamiento informativo y en las formas de participación entre medio y audiencias. Finalmente, en el capítulo XII, Sergio Amín, describe algunas de las diversas herramientas que se pueden utilizar en la actualidad para verificar el contenido generado por usuarios (UGC) y combatir la desinformación, como la verificación de UGC, la búsqueda inversa de imágenes, verificación de bots en Twitter, entre otros. Disponemos de conocimiento nuevo sobre las relaciones entre la Comunicación y otras disciplinas o áreas del conocimiento de manera tal que hoy es posible percatarse si se está respondiendo adecuadamente a los requerimientos de la política científica, para identificar a qué nivel está la investigación en un país con respecto a otros o para determinar la relevancia que tienen los distintos canales de comunicación al respecto. Diversos estudios señalan que, en el terreno de la evaluación científica, esto es particularmente importante puesto que el conocimiento de la disciplina en este caso la comunicación, debería permitir el establecimiento de unos criterios de evaluación adecuados con el objeto de que la comunidad científica tenga datos y evidencias para defender un modelo adecuado para su disciplina. Al respecto es pertinente señalar una constante en la literatura; la referencia al tiempo. Contra los tiempos cortos, cada vez más presentes en los análisis que afectan a la comunicación, se propone el tiempo largo, la reflexión detallada y se hace una crítica a las investigaciones de poca profundidad o de corto alcance (Miegé, 2004). Es precisamente esta perspectiva, la que nos orienta en la presente publicación respecto al abordaje del fenómeno de la desinformación que si bien ha sido objeto de múltiples análisis que se enfocan en las interpretaciones alternativas de la realidad, algunas engañosas, otras confusas, lo que ha minado la confianza en los medios de comunicación y en los actores políticos, no basta con identificar la verdad o la falsedad en los contenidos, sino profundizar a partir de la lectura de este libro en las variadas y complejas aristas propias de la comunicación científica ofreciendo alternativas y soluciones concretas para el combate de la desinformación. A todos los autores nos anima el impulso de construir un aporte significativo renovador acorde a las necesidades y exigencias actuales de toda democracia -nuestra sociedad también audiencia y usuario- que requiere hoy más que nunca un aquilatamiento de producción científica, tecnológica e innovación respecto del tema que nos convoca. En el capítulo I, María José Labrador recoge diversas iniciativas y orientaciones frente a la desinformación establecidas por la Comisión Europea, las que podrían transformarse en un precedente para lo que será el marco legal de Chile y de Latinoamérica. En el capítulo II, Claudia Reyes nos propone reflexionar sobre las brechas de género en el acceso y el consumo de noticias políticas y el impacto que este fenómeno tiene para la democracia y la participación activa de las mujeres. Nairbis Sibrian en el capítulo III entrega un análisis de la relación entre la desinformación y la percepción social de la inmigración en Chile, a través de la caracterización de noticias falsas sobre migración chequeadas y su vínculo con discursos de odio en redes sociales. Ma.Cristina Silva, Myriam Ruíz, Pyvonka Loza y Soledad Valenzuela presentan en el capítulo IV el plan que la carrera de Periodismo de la Universidad del Desarrollo implementó para desarrollar en sus estudiantes las destrezas necesarias para convertirlos en consumidores y usuarios rigurosos y analíticos de los contenidos informativos que reciben. Por su parte Ed Carter escribe acerca de las asimetrías en el periodismo y el mercado de las ideas, desde la perspectiva de Estados Unidos. Se analizan diversos casos en los que el periodista tiene la tarea de identificar la verdad y distinguirla del error, para lo cual los profesionales están llamados a concentrarse no solo en los hechos, sino que en la verdad de éstos. En el capítulo VI, Fernando Gutiérrez, se refiere a las trasformaciones que enfrenta la profesión informativa a raíz de los avances tecnológicos propios de esta época y de la complejización social que implica la sociedad del conocimiento, en este sentido, plantea cómo una formación especializada puede transformarse en una herramienta de empoderamiento para los periodistas, que les permita actuar con autonomía frente a las fuentes y audiencias. Pedro Anguita en el capítulo VII, presenta cómo diversas instituciones gubernamentales y estatales, entidades de factchecking, medios de comunicación y plataformas tecnológicas han propuesto caminos de actuación para enfrentar la desinformación y la circulación de fakenews. Expone diversas propuestas regulatorias que se han presentado en Chile, una de las cuales ya tuvo su aplicación en la Convención Constituyente. En el capítulo VIII, Oscar Jaramillo y Guillermo Bustamante llevan a cabo una investigación que permite comprender mejor la existencia de “Audiencias de Microinfluenciadores” en la red social Twitter. Analizando un total de 20 hashtag desinformativos chilenos prueban que no existe un “enemigo poderoso” que organiza, a través de redes sociales, ataques políticos en Chile como se planteó en 2019 para el Estallido Social Chileno o en 2021, para la Convención Constitucional. En el capítulo IX, Rodrigo Álvarez reflexiona acerca de la comunicación desde una mirada de seguridad global en el actual contexto de la neoglobalización y cómo los diversos conflictos mundiales actuales han motivado un interés sobre la seguridad y la desinformación. Oscar Jara, analiza en el capítulo X, cómo el periodismo actual se enfrenta al surgimiento de las redes sociales y la mayor representatividad que estas tienen en quienes buscan generar y recibir información, en momentos en que el trabajo de los denominados “medios tradicionales” han perdido credibilidad, fuerza e influencia. En el capítulo XI, Natalia Messer, analiza la irrupción de nuevos formatos mediáticos, como el caso del Podcast, y cómo este nuevo contexto digital influye en el tratamiento informativo y en las formas de participación entre medio y audiencias. Finalmente, en el capítulo XII, Sergio Amín, describe algunas de las diversas herramientas que se pueden utilizar en la actualidad para verificar el contenido generado por usuarios (UGC) y combatir la desinformación, como la verificación de UGC, la búsqueda inversa de imágenes, verificación de bots en Twitter, entre otros.
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| Editorial: | RIL Editores |
| Fecha de publicación: | 2023 |
| Página de inicio: | 9 |
| Página final: | 249 |
| Idioma: | español |